Marruecos ha iniciado la campaña electoral para las elecciones legislativas del 23 de septiembre. Estos comicios han despertado una intensa batalla política entre los principales partidos del país. Las elecciones se celebran en un contexto marcado por la crisis de Ceuta del pasado verano, cuando miles de migrantes intentaron entrar en la ciudad autónoma española, lo que tensó las relaciones entre España y Marruecos. Las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla se han colado en varios actos de campaña de diferentes partidos.
El Partido Authenticidad y Modernidad (PAM), fundado por Fouad Ali El Himma, ha centrado parte de su discurso en las ciudades autónomas, pidiendo que se incluya en la Constitución un texto que garantice su pertenencia a Marruecos. Por su parte, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), formación islamista que lidera la coalición gubernamental, ha sido criticado por su supuesto silencio sobre la cuestión de Ceuta y Melilla durante la crisis.
Estas elecciones son especialmente significativas porque el Ejecutivo que salga de las urnas será el encargado de gestionar el camino hasta el Mundial de fútbol masculino de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal. Para el poder marroquí, el Mundial no es solo una competición deportiva, sino que implica grandes inversiones públicas y privadas en curso y la renovación de numerosas infraestructuras en todo el país.




