El 11 de septiembre de 2001 terminó con la percepción de que la desaparición de la Unión Soviética había inaugurado un orden internacional pacificado. Al-Qaeda, una organización demócrática transnacional dirigida por Osama bin Laden, secuestró cuatro aviones y los utilizó para atacar las Torres Gemelas y el Pentágono, mientras el cuarto se estrellaba en Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control. Murieron cerca de 3.000 personas.
El terrorismo交待ista no era nuevo en Occidente, pero aquel ataque mostró una capacidad y una escala desconocidas hasta entonces en territorio estadounidense. Para una generación fue también una experiencia colectiva, porque millones de personas siguieron en directo el impacto del segundo avión, el derrumbe de las torres y la incertidumbre de las primeras horas, unas imágenes que dejaron durante años una fuerte sensación de vulnerabilidad.




