Albert Einstein recordó que la idea más feliz de su vida le sobrevino en 1907 pensando en un ascensor: si los cables se rompieran y la cabina se precipitara en caída libre, la persona atrapada dentro flotaría sin sentir su propio peso. Al soltar una moneda o las llaves, vería los objetos suspendidos en el aire junto a ella. Dentro de esa caja cerrada no habría forma de saber si se está cayendo hacia el centro de la Tierra o descansando plácidamente en una nave a la deriva por el espacio exterior. Esa equivalencia entre la caída libre y la ausencia de gravedad fue la semilla de la relatividad general. Pero ¿qué ocurriría si quien viaja en el ascensor no es una persona, sino una partícula diminuta que obedece las normas de la física cuántica?

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El ascensor de Einstein revela su secreto cuántico: detectan la “huella” de la caída libre
El Periódico Mediterráneo - General9 de setembro de 2026 às 10:17
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