El Gobierno de Pedro Sánchez ha adoptado una postura de complacencia con Marruecos como principal respuesta a la crisis migratoria en Ceuta, una estrategia que ha generado un amplio rechazo en el Congreso de los Diputados. Durante la ronda de comparecencias de ministros en la Cámara Baja, todos los grupos parlamentares, desde el PP y Vox hasta los socios de coalición de Sumar, han cuestionado la gestión del presidente, criticando que no solo se exima a Rabat de responsabilidades, sino que se resalte públicamente su supuesta colaboración. Esta posición ha provocado una profunda brecha entre el Ejecutivo y las formaciones políticas que deberían respaldarlo.
Pedro Sánchez volverá a defender su postura ante el Congreso el próximo jueves, en unacomparecencia en la que asumirá el riesgo de quedarse solo en su defensa de la política hacia Marruecos. Durante una entrevista concedida a la Cadena Ser, el presidente volvió a exonerar al reino alauí de cualquier responsabilidad en la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, insistiendo en destacar su papel cooperador. Esta línea argumental contrasta con las críticas generalizadas que ha recibido dentro del hemiciclo.
La crisis diplomática de Sánchez no se limita al ámbito interno. El artículo señala que el choque con Italia ha escalado significativamente, evidenciando tensiones en las relaciones bilaterales españolas. Además, el presidente español ha señalado directamente a Rusia e Israel como posibles responsables detrás de la crisis en Ceuta, sugiriendo una influencia externa en la desestabilización migratory de la frontera sur española.




